La de mi moto – el viaje a Salta

Bueno, parece que habia un poquito perdido de mis noticias. La de mi moto.

Empezando del final y volviendo al principio, mi moto queda en la casa de Isaac en Salta. Esta siendo arreglado para que puedo usarla a seguir en mis viajes a Buenos Aires.

Cuando salí de la base de JUCUM Corrientes todo parecía bien. Pero un poquito por la calle principal no anduvo. Era la reserva de nafta que estaba choqueado con polvo en el tanque. Lo arreglé y seguí. Fuí a despedir algunos amigos por la ciudad de Corrientes y crucé el puente a seguir mi viaje.

Inicialmente mi moto anduvo rebien pero después de media hora empezaba a alentarse hasta podría andar por un poca velocidad de 30 km/h. Seguí, pensando que era relacionado a la problemas con nafta que había experimentado. No era. Lo encontré un poquito más tarde.

Así era, que por uno de los pedazas largisimas de la ruta, kilometros de nada, rompio mi moto. La cojinete grande de la biela había roto. Para ellos que no estan preocupado de conocer los intimos detalles de un motor, era algo tan grave que nunca andará mi moto de nuevo – sin muchos reparaciónes. Cuando paró, sentí que era algo grave. Los ruidos como piedras adentro de mi motor me dió una pista.

Que haces en una situación así? No hay para volver, ni siquera para seguir. Nadie paraba entonces buscando en mi mapa decidí que el pueblo adelante podría ayudarme. Empezaba empujar mi moto. El calor me secó tan rapido que no tenía suficiente agua para seguir. Al final pedí dos guachos en sus caballos para llenar mi botella de agua para seguir.

Así estaba, por tres horas en el sol calentisimo de la tarde de Chaco que empujaba mi moto hacía este pueblo. Nunca llegué. Cuando mis fuerzas estaban casi perdidas, cuando estaba desesperada aún hasta la vida y preguntandome porque insisté andar en moto. Cuando lo único que podría hacer fue mirar a mis pies y pensar que sólo tenía que poner un pie adelante el otro y no más. Cuando me daba cuenta que la plata, la ropa, las cosas que tenemos, nuestro conocimiento, y todos los demás servía para nada sin salud. En ese momento Dios mandó sus angeles a ayudarme.

Al escuchar la bocina de un auto, piensaba que estaba demasiado cerca a la ruta otra vez. Pero cuando el auto paró de repente enfrente de mí sabía que no fue algo común. En mirar a ver mis queridos amigos de la familia Astarloa una ola de alivio me cayó hasta el punto que apenas cayó la moto.

Mis fuerzas agotado, tenía que parar la moto primero antes que podria saludar Sergio. Con piernas debiles y cubierto en sudor abrazé mi amigo, llorando adentro por la gracia que Dios me había mostrado. No podría mostrarlo afuera por el orgullo, pero lo sentía muy fuerte. No era que un amigo me encontró en la ruta. Era un mensaje de Dios. Si Sergio había llegado aún 3 minutos más tarde, no me hubiera encontrado. Estaba apenas entrar la entrada al pueblito.

Con una soga grande, atamos la moto al auto y me tiró hasta la ciudad de Saenz Peña donde tenía mejor posibilidades de arreglar el problema. El viento generado por el viaje me avivó algo y todo el viaje estaba asombrado de que maravillosa era andar con automación (y que horrible a no tenerla).

Al llegar en Saenz Peña, descubrimos que la moto tenía más problemas que algo minor y la dejé con un taller a encontrar el problema bién. Me dejaron en un hotel y despedí mis amigos que me salvaron.

Todavia pensando que fue un problemita estuve decepcionado encontrar que el problema era más serio y aún más que el taller no quería trabajar en una moto tan vieja. Entonces busqué otro taller y descubrimos que el problema era severo, entonces intentaba seguir al casamiento de Isaac.

Encontré que no había ningun colectivo, micro, ni nada que estaba andando a Salta para llegar por la boda. Aún esperé a lo lado de la ruta intentando andar por dedo por 3 horas y nadie paraba. Cuando paró fue sólo porque no había más tiempo disponible llegar a Salta antes que terminó la boda. Decepcionado, volví a mi hotel.

Estaba en Saenz Peña 6 días para arreglar mi moto. Cada día piensé que ibamos terminar el trabajo. En el final teníamos que fabricar algunos partes adentro el motor porque no podríamos encontrarlos. El día que me arreglaron mi moto, salí de la ciudad.

Por esta la noche no podría andar tan lejos entonces paré en el pueblo de Pampa del Infierno, levantando muy temprano a seguir mi viaje. Ese proximo día llegué en Salta, después de 15 horas de andando en moto.

Durante estas horas estaba picado por una avispa dentro de mi casco por no tener un visor, y tuve que hacer un stop emergencía enfrente de un camione que apenas había sobrepasado. En la noche estaba andando por la autopista donde no hay salida y encontre en la atardecer que no tenía luz. Nada. A veces había algo muy débil que dejaba una luz naranja justo enfrente de la rueda delantero, pero nada más.

Andaba por más que dos horas, entre camiones y autos, sin luz, con mucho temor, y orando sin parar, preguntandome porque no decidé ir a Metán en lugar de esto. Así que estaba con mucho alivio que llegué a las luces de la ciudad de Salta. Había llegado por fin. No fue facil, pero llegué.

Entonces mi moto esta en la casa de Isaac siendo arreglado… el faro y algunos otras cosas. Así que estará lista para viajar a Buenos Aires. Desafio numero dos. 🙂